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Una solución al aceite industrial usado El aceite lubricante que consumen la maquinaria industrial y los millones de vehículos que circulan por nuestras carreteras se convierte, tras su uso, en un residuo tóxico y peligroso, uno de los más contaminantes que existen y uno de los primeros residuos sobre los que, allá por la década de los 70, los legisladores de la Comunidad Económica Europea prestaron su atención intentando minimizar su impacto ambiental: el aceite usado Se trata de una sustancia de viscosidad variada, ennegrecida con respecto al original y cuya eliminación por vertido o incineración incontrolada origina graves problemas de contaminación en el aire, agua y suelo debido a su toxicidad, su baja biodegradabilidad, la emisión de gases y su degradación química. La peligrosidad del aceite usado deriva del desprendimiento durante su combustión de muy diversos compuestos nocivos: cloro, níquel, disolventes halogenados, plomo, cadmio, tolueno, benceno, etc. Además, su escasa biodegradabilidad provoca que los efectos del aceite usado sobre el entorno puedan permanecer durante décadas. De la financiación pública a la responsabilidad del fabricante En 1975 y en 1987 se publicaron sendas directivas europeas que exigían a los Estados miembros que establecieran sistemas para recoger y gestionar correctamente este residuo, que fueron incorporadas al ordenamiento jurídico español mediante una orden ministerial de 1989. En cumplimiento de dicha orden, desde 1992 el Estado español ha ido convocando y otorgando anualmente subvenciones públicas para cubrir los posibles déficits de explotación en que incurrieran las empresas dedicadas a la recogida, el transporte, el análisis químico y la valorización de aceite usado. urante casi 20 años, los Presupuestos Generales del Estado han dedicado entre 8 y 10 millones de euros anuales a estas subvenciones. Entretanto, consumidores y fabricantes han vivido relativamente al margen del problema del aceite usado. ![]() La situación cambió a partir de la publicación, en junio de 2006, del Real Decreto 679/2006, por el que empieza a aplicarse el "principio de responsabilidad del productor" que introdujera la Ley 10/1998, de Residuos, y que señala que "al productor, importador o cualquier otro responsable de la puesta en el mercado de productos que con su uso se conviertan en residuos… se le podrá obligar… a hacerse cargo directamente de la gestión de los residuos derivados de sus productos". En el caso del aceite usado, esto significó que corresponde a los fabricantes de aceites industriales garantizar y financiar la gestión de una cantidad de aceites usados proporcional a la cantidad de aceite nuevo que ponen en el mercado. De esta manera, los fabricantes de lubricante son responsables de la correcta gestión de sus aceites usados en términos económicos, sustituyendo la hasta entonces financiación pública. Sistema Integrado de Gestión Como en otros sectores (envases, neumáticos, aparatos electrónicos…) la normativa prevé que los fabricantes puedan cumplir estas obligaciones relativas a la gestión de un residuo a través de su participación en sistemas organizados, los llamados sistemas integrados de gestión (SIG). Así, ya antes de la entrada en vigor de las obligaciones de la nueva Ley (1 de enero de 2007) una buena parte de las compañías del sector del lubricante apostaron decididamente por la vía del SIG, dando origen a SIGAUS (Sistema Integrado de Gestión de Aceites Usados). Desde entonces, SIGAUS se encarga en toda España de la recogida y posterior tratamiento del aceite usado, tanto de procedencia industrial como de vehículos. Como en sistemas similares, SIGAUS se financia a través de un cuota que pagan los fabricantes adheridos, en función del aceite lubricante que ponen en el mercado nacional: 0,06 € por cada kg de aceite comercializado, que es repercutido desde el fabricante hasta el consumidor final, sobre quien recae en última instancia el coste económico de la recogida y gestión del residuo. Esa cuota debe ser explícitamente desglosada en las sucesivas facturas, sin que pueda aumentar o disminuir a lo largo de la cadena de comercialización del aceite lubricante. Con estos ingresos, SIGAUS cumple, en nombre de sus empresas adheridas, las obligaciones que les impone la normativa, como el logro de unos determinados objetivos de recuperación, valorización y regeneración de aceite usado, la elaboración de planes empresariales de prevención o el deber de informar a las Administraciones Públicas acerca del aceite puesto en mercado y la cantidad y destino del residuo recogido. En materia de gestión, en particular, SIGAUS financia los déficits económicos que justifiquen las empresas que realizan las operaciones de recogida y recuperación de aceite usado con las que SIGAUS llegue a los respectivos acuerdos. El proceso de gestión La actividad de SIGAUS no ha supuesto cambios relevantes en el modelo logístico vigente en el sector con anterioridad. De forma general, el aceite usado se recoge en talleres de automoción e instalaciones industriales, donde debe haber sido almacenado y etiquetado conforme a la normativa vigente. Una vez retirado de los puntos de generación es enviado a centros de almacenamiento temporal o centros de transferencia en los que se realizan los análisis necesarios para determinar su composición, la posible contaminación con otras sustancias y su óptimo destino final. Exitoso primer año de vida de SIGAUS 2007 ha sido el primer año de vigencia de las obligaciones establecidas en el RD 679/2006 para los fabricantes de aceites industriales y, tal como hemos visto, también el primero en el que SIGAUS se ha encargado de dicho cumplimiento. Durante el ejercicio, SIGAUS recogió y trató 173.151 t de aceite usado, lo que representa el 41,68% del total de aceite puesto por primera vez en el mercado nacional por sus empresas adheridas (415.420 t). De esta manera se ha confirmado la consecución del objetivo legal de recuperación del 95% de aceites usados, ya que ese 41,68% es un ratio superior al 40%, cifra aceptada tradicionalmente por las autoridades competentes y por el Ministerio de Medio Ambiente como coeficiente de generación de aceite usado a partir del aceite industrial nuevo consumido. También se cumplió el objetivo de valorizar el 100% del aceite usado recogido, ya que todo el aceite usado recogido se destinó a regeneración, reciclado o valorización energética. Y, por último, se superó ampliamente el objetivo inicialmente más ambicioso: regenerar el 55% del aceite usado recuperado. En total, se destinaron a procesos de regeneración 123.775 t, lo que supone un 73,6% sobre el total de aceite regenerable. Datos que prueban que en 2007 SIGAUS ha conseguido integrarse plenamente en el sector de la gestión del aceite usado, sin interferir en las actividades realizadas en régimen de libre mercado por las empresas que operan en él e incluso demuestran que la aceptación del sistema SIGAUS ha sido total. De esta manera, se ha impulsado claramente el papel del SIG como garante de la correcta gestión medioambiental del residuo de cara a fabricantes, puntos de generación y usuarios. Más de 40 gestores autorizados dedicados a la recogida, transporte y almacenamiento de aceites usados, habían alcanzado un acuerdo voluntario con SIGAUS para garantizar la retirada del residuo, sin coste adicional (bajo especificaciones técnicas), lo que asegura la universalidad del servicio de recogida allá donde se genere el residuo, una premisa en la que los fabricantes adheridos han insistido desde la creación de SIGAUS. A su vez, cerca de 30 gestores autorizados - recogedores, gestores intermedios y/o finales- habían formalizado un contrato para asegurar que todas las operaciones de gestión se llevaran a cabo aplicando la tecnología necesaria para asegurar el cumplimiento de los objetivos ecológicos establecidos en el RD 679/2006 y, por otro lado, fijando las condiciones económicas para hacer frente a los posibles déficits ocasionados en dichos procesos. Gracias a la existencia de SIGAUS, el aceite usado que se genere en cualquier punto de España, tiene la posibilidad de recibir un adecuado tratamiento. Para los fabricantes, siempre que estén adheridos, supone la garantía de que el residuo que producirá el lubricante que comercializan no causará un impacto ambiental negativo, quedando cumplidas sus obligaciones. A su vez, talleres e industria (los puntos de generación del residuo) saben que, con SIGAUS, está asegurada la recogida sin coste adicional. Por último, el consumidor que abona su contribución al sistema cuando realiza un cambio de aceite del automóvil, tiene la seguridad de que esa cantidad se destinará directa y exclusivamente a sufragar los costes de gestión del aceite usado y que, por tanto, se trata de una contribución directa en la protección del medio ambiente. El destino final del aceite usado Regeneración. Es la opción que la Ley marca como prioritaria. De hecho, en 2007 se exigió que el 55% del aceite usado recogido fuera regenerado (65% en 2008). El proceso consiste básicamente en eliminar el agua, aditivos, metales pesados y otros sedimentos del residuo, para obtener una base lubricante válida para su reformulación en nuevo aceite lubricante, lo que contribuye a un notable ahorro de materias primas en la producción de nuevos aceites. Valorización energética. Cuando el aceite no puede ser regenerado o reciclado se somete a procesos mediante los que se posibilita su posterior utilización como combustible alternativo, ahorrando otros combustibles tradicionales, ya sea en centrales térmicas de generación eléctrica, en cementeras, equipos marinos o en otros procesos industriales. SIGAUS |
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